Dos personas pueden invertir exactamente el mismo capital, obtener exactamente el mismo rendimiento promedio anual a lo largo de toda su vida de inversión, y aun así terminar con resultados dramáticamente distintos, solo por el orden específico en que ocurrieron los años buenos y los años malos. Este fenómeno, poco intuitivo pero extremadamente relevante en la práctica, se conoce como riesgo de secuencia de rendimientos.
Qué es el riesgo de secuencia de rendimientos
El riesgo de secuencia se refiere al impacto que tiene el orden en que ocurren los rendimientos de un portafolio (no solo su promedio) sobre el resultado final, especialmente cuando existen aportaciones o retiros periódicos de por medio. Matemáticamente, el promedio aritmético de una serie de rendimientos anuales es idéntico sin importar en qué orden ocurran. Pero en cuanto se agregan flujos de entrada o salida de dinero al portafolio, como sucede en cualquier situación real de inversión o retiro, ese orden deja de ser irrelevante y puede cambiar por completo el desenlace.

Un ejemplo que ilustra la magnitud del problema
Considera un ejemplo hipotético construido para ilustrar el efecto: dos personas, cada una comienza con un portafolio de 1,000,000 de dólares y retira 50,000 dólares al año durante diez años consecutivos. Ambas experimentan exactamente los mismos diez rendimientos anuales, con un promedio de 5%, solo que en orden distinto. La primera persona enfrenta las caídas más fuertes al inicio del periodo (dos años seguidos de -25%, seguidos de una recuperación gradual); la segunda enfrenta esas mismas caídas al final, después de varios años de rendimientos positivos. Al cabo de los diez años, la primera persona termina con un portafolio de aproximadamente 508,000 dólares, mientras que la segunda termina con cerca de 1,003,000 dólares, prácticamente el doble, pese a haber retirado exactamente la misma cantidad total de dinero y haber obtenido, en promedio, el mismo rendimiento anual.
Por qué ocurre esta diferencia tan marcada
La explicación está en cómo interactúan los retiros con un portafolio que se reduce de valor. Cuando las caídas fuertes ocurren al principio, cada retiro posterior representa una porción cada vez mayor de un capital que ya se redujo, obligando a vender una proporción más grande del portafolio para obtener la misma cantidad de dinero. Esto “bloquea” pérdidas que ya no tienen suficiente capital restante para recuperarse plenamente cuando el mercado finalmente se recupera. En cambio, cuando las caídas llegan al final del periodo, el portafolio ya acumuló varios años de crecimiento antes de enfrentarlas, y ese colchón adicional amortigua el impacto de la caída sobre un capital mucho mayor.

Cuándo importa realmente este riesgo
Este fenómeno no afecta por igual todas las etapas de una vida de inversión. Durante la fase de acumulación, cuando una persona está aportando dinero de forma regular, por ejemplo a un etf diversificado, sin retirar nada todavía, el efecto es prácticamente el opuesto al descrito: una caída fuerte al inicio del periodo en realidad beneficia al inversionista de largo plazo, porque cada aportación posterior compra más participaciones a un precio más bajo, aprovechando la recuperación futura sobre una base de acciones más grande. El riesgo de secuencia se vuelve verdaderamente peligroso en la fase de retiro o desacumulación, cuando el flujo de dinero va en sentido contrario: se está retirando capital en lugar de aportarlo, y una caída fuerte en los primeros años de esa fase puede comprometer la sostenibilidad del portafolio durante el resto de la vida del retirado, incluso si el rendimiento promedio de largo plazo termina siendo perfectamente razonable.
Cómo mitigar este riesgo en la práctica
Existen varias estrategias diseñadas específicamente para reducir la exposición a este riesgo, particularmente en los años cercanos e inmediatamente posteriores al inicio del retiro. Una de las más comunes es mantener un colchón de efectivo o instrumentos de bajo riesgo equivalente a uno o dos años de gasto, de forma que, si el mercado cae justo al inicio del retiro, no sea necesario vender posiciones de renta variable en el peor momento posible para cubrir los gastos corrientes. Otra estrategia es incorporar flexibilidad en el monto de retiro, ajustándolo hacia abajo temporalmente durante los años de mercado adverso, en lugar de mantener un retiro fijo sin importar las condiciones. También es común reducir gradualmente la exposición a renta variable conforme se acerca la fecha de retiro, un enfoque conocido como “glide path“, precisamente para limitar el daño potencial de una caída fuerte justo antes o durante los primeros años sin ingreso laboral regular.

Una distinción importante que conviene recordar
Vale la pena aclarar que el riesgo de secuencia no significa que el rendimiento promedio de largo plazo no importe: sigue siendo la base fundamental de cualquier proyección financiera. Lo que revela este fenómeno es que ese promedio, por sí solo, es insuficiente para anticipar cómo se comportará realmente un portafolio del que se están retirando fondos de forma periódica, y que dos escenarios con el mismo rendimiento “en el papel” pueden traducirse en experiencias financieras radicalmente distintas dependiendo únicamente del momento en que ocurran las caídas.
Planificar un retiro, o cualquier fase de la vida donde se dependa de retiros regulares de un portafolio, exige pensar más allá del rendimiento promedio esperado y considerar explícitamente qué tan resiliente es ese plan ante la posibilidad de que los primeros años resulten ser particularmente adversos. Anticipar este riesgo con un colchón de liquidez, flexibilidad en los retiros y una asignación de activos que se ajuste con el tiempo es, con frecuencia, la diferencia entre un plan de retiro que sobrevive a un mal comienzo y uno que no.
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