Durante gran parte de la última década, la respuesta a “S&P 500 o mercados emergentes” fue casi automática: Estados Unidos. Pero 2026 ha vuelto a poner esa pregunta sobre la mesa. Mientras el S&P 500 sigue marcando máximos históricos, los mercados emergentes lo están superando por un margen mucho más amplio, y eso obliga a revisar los supuestos con los que muchos inversionistas venían construyendo su portafolio.
Lo que dicen los números en 2026
Hacia agosto de 2026, el índice MSCI Emerging Markets acumula un avance cercano al 16% en lo que va del año, frente a un incremento de aproximadamente 5% del S&P 500 en el mismo periodo. La diferencia no es un dato aislado de una semana volátil, sino una tendencia que se ha sostenido durante varios meses, y que reabre el debate sobre si el llamado “excepcionalismo estadounidense” del mercado accionario está perdiendo fuerza.
¿Están ganando terreno los mercados emergentes?
Hay al menos tres factores detrás de este movimiento. El primero es la valuación: las acciones de mercados emergentes cotizan actualmente con un descuento cercano al 44% frente a Estados Unidos en múltiplos de utilidades futuras, la brecha más amplia desde abril de 2025. Comprar barato no garantiza rendimientos, pero históricamente ha sido un punto de partida favorable a mediano plazo.

El segundo factor es el crecimiento de las utilidades corporativas. Los analistas han elevado sus proyecciones de ganancias para empresas de mercados emergentes cerca de 30% este año, frente a un ajuste de alrededor de 10% para las empresas del S&P 500. Ese crecimiento más acelerado está compensando el alza en los precios, por lo que las valuaciones no se han disparado al mismo ritmo que las cotizaciones.
El tercer factor es el liderazgo sectorial y un dólar más débil. Empresas asiáticas como Taiwan Semiconductor, Samsung y SK Hynix se han beneficiado de su papel central en la cadena de suministro de inteligencia artificial, con estimados de utilidades creciendo más de 35% en la región. A esto se suma que América Latina, impulsada por materias primas, muestra avances superiores al 20% en expectativas de ganancias, mientras que un dólar más débil en 2026 ha aliviado el costo de la deuda denominada en esa moneda para muchos países emergentes y ha hecho más atractivos sus activos para inversionistas globales.
Lo que sigue a favor del S&P 500
Ninguno de estos datos significa que el S&P 500 haya dejado de ser atractivo. El índice sigue concentrando a las empresas más rentables y con mayor generación de efectivo del mundo, con un historial de resiliencia que pocos mercados pueden igualar. La ola de inversión en inteligencia artificial, aunque también beneficia a proveedores asiáticos, tiene en compañías estadounidenses a sus mayores ganadoras en términos de capitalización de mercado. Además, la liquidez, la transparencia regulatoria y la facilidad para invertir a través de ETFs de bajo costo siguen siendo ventajas estructurales que los mercados emergentes, en conjunto, todavía no logran igualar.
Los riesgos que no hay que perder de vista
La contraparte del mayor potencial de los mercados emergentes es un riesgo más alto y menos predecible. La volatilidad cambiaria puede borrar en semanas lo que se gana en meses, especialmente en países con políticas monetarias menos estables. El riesgo político y geopolítico también pesa más: cambios regulatorios repentinos, tensiones comerciales o inestabilidad institucional pueden golpear a un mercado emergente completo de forma abrupta. A esto se suma una concentración importante: gran parte del índice MSCI Emerging Markets depende del desempeño de un puñado de países (China, Taiwán, India y Corea del Sur), lo que reduce parte del beneficio de diversificación que en teoría ofrece esta categoría.

Entonces, ¿dónde conviene invertir?
La evidencia actual no apunta a elegir uno u otro de forma excluyente, sino a repensar cuánto peso le da cada inversionista a cada bloque dentro de su portafolio. Para quien prioriza estabilidad, liquidez y exposición a las empresas líderes en tecnología e inteligencia artificial, el S&P 500 sigue siendo un núcleo razonable. Para quien busca valuaciones más atractivas y está dispuesto a tolerar mayor volatilidad a cambio de un potencial de crecimiento más alto, una porción de mercados emergentes, vía un ETF diversificado, no apuestas por un solo país, puede complementar esa posición central.
El error más común no es elegir mal entre los dos, sino abandonar por completo el que ha tenido peor desempeño reciente justo cuando empieza a mostrar señales de recuperación, o concentrar todo el portafolio en el que mejor ha rendido en los últimos doce meses. La combinación de ambos, ajustada al horizonte de tiempo y la tolerancia al riesgo de cada quien, sigue siendo la forma más sensata de capturar el crecimiento global sin depender de adivinar cuál de los dos mercados liderará el próximo ciclo.
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